Hans Kleim se asomó en camiseta de tirantes al balcón de su apartamento con vistas al mar y encendió con cuidado un cigarrillo que aspiró con placer. Desde su llegada a la costa, el nonagenario disfrutaba mirando el mar mientras amanecía cada mañana. En cierto modo cada amanecer era un regalo de una nueva vida que había empezado cuando llegó en 1950 a Buenos Aires tras lograr milagrosamente huir del ejército estadounidense que estuvo a punto de capturarle en el oeste de Alemania en 1945. Su " segunda vida " había sido una continua huida y una mentira. La captura en 1961 de Adolf Eichmann por los servicios secretos israelíes en Argentina lo sumió en una paranoia persecutoria de la que no se había recuperado. En su espacioso apartamento motrileño no obstante se sentía muy seguro.
- ¿ Qué crees que hay en esas cajas fuertes?
Antonio Robles interrumpió el pesado silencio entre Carlos Luna y él rumbo a su hotel parisino donde ambos esperaban empezar a desentrañar el extraño legado de Ballcells y sus cajas fuertes.
- No creo que sea la fórmula secreta de la coca cola- ironizó Luna.
- ¿ Y si fuera algún tipo de trampa ?
- Es arriesgado....he pensado mucho en si merecía la pena correr un riesgo que no se donde puede llevar pero..
- Has pensado que podía llevarnos a Diego ¿ no ?- le interrumpió Robles.
- Puede ser- dijo pensativo Carlos Luna.
Daniel Medina apuraba un café con leche en una pequeño vaso de plástico sentado en su coche mientras observaba a través de sus gafas de sol a unos veinte metros de él a Antonio Larraz junior conversar con un tipo alto, de rostro moreno, barba muy poblada encanecida y de pelo largo al que Daniel conocía perfectamente. Era Luis Bonilla ex policía nacional. Bonilla había pertenecido a la UDEF entre los años 90 y principios del nuevo siglo, era bueno, muy bueno. En 2009 se dio de baja y pasó al lado oscuro como decían sus antiguos compañeros, la razón mucho dinero y de ese modo empezó a trabajar para los mismos personajes corruptos y poderosos a los que poco antes con reconocido éxito había perseguido. Larraz encajaba perfectamente en el perfil.
Fran Jove corría en chandal por el Paseo Marítimo de Almeria escuchando en su iPhone una selección de canciones de pop rock de los 80. Le encantaba correr junto al mar y despejar la cabeza, aunque en realidad precisamente correr le oxigenaba la mente y le ayudaba a pensar con claridad en los casos que llevaba. La noche anterior le habían llamado de la guardia de su juzgado, dos miembros de una familia de etnia gitana había sido tiroteados en una barriada a las afueras de la ciudad. No se conocía aún la identidad del autor. Casi llegando al centro de la ciudad tras 45 minutos trotando, Fran se sentó en una de las muchas terrazas del Paseo y pidió un descafeinado de maquina con leche desnatada y sacarina. Un caso muy interesante, un auténtico desafío. Le recordó a su ex tutor Diego Morales y no pudo evitar que le invadiera un sentimiento de nostalgia y también de grave preocupación ¿ Qué habría pasado con Diego ? Ojalá todo se aclarase pronto, pero el asesinato de Larraz no hacia albergar precisamente buenos presagios.
El hotel de Concorde Opera era un edificio imponente, situado en el centro de París, a solo 800 metros del edificio Ópera Garnier y a 5 minutos a pie de los famosos grandes almacenes Printemps y Galeries Lafayette. Tras inscribirse en dos habitaciones de la tercera planta, Carlos Luna mostró al recepcionista colombiano la llave de la caja fuerte y éste amablemente correspondió a su curiosidad . Con gran expectación los dos fiscales accedieron al interior de la pequeña y ligera caja metálica con la llave de Ballcels, que no pudo evitar mostrar una mueca de decepción al ver el contenido de aquel " cofre del tesoro "
- ¡ Otro maldito pen drive ! los odio - farfulló Luna.
Pierre Borsalino salió de la bulliciosa estación de metro de Pigalle y llegó caminando a la plaza del mismo nombre entre el Boulevard de Clichy y el Boulevard de Rochechouart, cerca de la Hermosa iglesia del Sacré Coeur, a los pies de la colina de Monmartre. A Borsalino le gustaba aquel barrio antaño lleno de estudios de pintores y cafés literarios bohemios y hoy zona de prostitución de la capital francesa, aunque era una cita con una mujer la que le llevó esa tarde a pasear por esa zona tan turística y decadente. Un motorista con un casco gris oscuro tapando su cara se aproximó velozmente a su derecha cuando Borsalino pasaba junto a la fuente de la plaza y acribilló con un revolver al francés. Borsalino cayó como un fardo al asfalto con su cazadora marrón agujereada.
Continuará...
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