sábado, 10 de enero de 2015

Cuarta entrega

Capitulo segundo
" Un nido de víboras" 

"El que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él" ( Miguel de Unamuno ) 


Max Kovacs estaba emocionado, no creía lo que veían sus ojos. Paseando por la playa  podía observar claramente a un anciano alto y corpulento con chandal acercarse con paso titubeante a la orilla del mar y dar la vuelta sobre sus pasos regresando hacia la urbanización de edificios rojizos de donde media hora antes había salido con su pequeño fox terrier. No había duda, a menos de 20 metros podía ver perfectamente al hombre que había torturado a su  padre y que había atormentado a su madre tras su dura experiencia en Mathausen. Aquel anciano en apariencia achacoso y débil era la razón de su vida, el objetivo que había dado sentido a su existencia, una obsesión casi enfermiza a escasos metros de su coche y de su Luger P08, una arma  mítica usada por el ejército alemán con el que nazis como Kleim asesinaron a millones de personas y con la que Kovaks pensaba poner fin a la vida del viejo, ningún arma le pareció más adecuada, quien a hierro mata ..pensó.

En un ciber café a pocas manzanas   de su hotel Carlos Luna y Antonio Robles observaban sorprendidos en la pantalla de un ordenador el contenido del pen: cinco carpetas llenas de fotografías que mostraban fiestas con hombres vestidos de esmoquin y chicas muy jóvenes en ropa interior y algunos casos sin ropa.
- Parece " Eyes wide shut" pero en cutre -dijo Carlos Luna.
- La diferencia es que se les ve a todos la cara, curioso..
- No veo a Tom Cruise - Luna acercó la cara más a la pantalla - no conozco a nadie...
- Deben ser gente importante en Francia, sino no tendría mucho sentido que Ballcells escondiera este material, yo tampoco conozco a ninguno de estos tipejos.
- Conozco alguien que sí sepa quienes son..- dijo pensativo Antonio Robles.

La policia parisina llegó tarde  al barrio de Pigalle. Avisados los agentes por una llamada anónima bastante confusa de un tiroteo sucedido esa mañana, temiendo que se tratase de un atentado terrorista  varios coches de la gendarmería acudieron en tromba al lugar de los hechos. La presunta víctima no estaba. Tan solo 12 casquillos de bala, que después se acreditarían eran  procedentes  de una pistola marca Glock, nada de sangre ni rastro de la persona que según dos testigos había sido tiroteada por un motorista y minutos después se había levantado milagrosamente del suelo huyendo corriendo en dirección a Rue Pierre Fontaine.

  Fran e Ines entraron en la Ciudad de  la Justicia de Almeria. Inés tenía guardia en el Juzgado de Violencia de género y Fran le tocaba guardia en el Juzgado de guardia de la capital. Cogidos de la mano, se separaron cerca de uno de los ascensores. 
- A ver si la mañana está traquilita- le sonrió Ines.
- Pues sí, ayer nada menos que diez detenidos, tú guardia está siendo mucho mejor bonita.
- Soy una chica con suerte- le guiña un ojo cómplice- hasta luego guapo. 

Anochecía en Motril. Una furgoneta negra entró en la Urbanización de Los Moriscos. Kovaks no había perdido de vista el refugio donde se escondía el viejo nazi y aquella era la primera visita que recibía el ex militar. Del vehículo descendieron cuatro jóvenes de unos veinte años, vestidos con ajustadas camisetas negras, vaqueros desgastados y botas militares. Su pelo rapado casi al cero,  su rostro serio y la disciplina marcial que mostraron en su desembarco dejaban lugar a pocas dudas sobre lo poco recomendable de enfrentarse con ellos y sobre su inquietante ideología.
- Así que el abuelo tiene compañía..eso complica todo..o lo hace más interesante - sonrío maliciosamente .

  Pierre Borsalino encaró la Rue Saint Honore desde la famosa esquina que maravillosamente pintase Pisarro en su famoso cuadro y entró en la populosa calle famosa por sus tiendas de ropa cara y casi al final la vía, llamó al portero automático de un viejo y destartalado portal. Rápidamente le abrieron y de dos en dos subió apresuradamente las escaleras hasta el tercer piso.
- Vaya, no se puede dejar ropa, mira como has destrozado mi cazadora favorita.
El hombre que abrió a Borsalino era un tipo de unos cincuenta y tantos, muy delgado, de estatura media, pelo muy corto gris oscuro despeinado con pronunciadas entradas y rostro enjuto. Vestía un jersey negro de cuello vuelto, vaqueros azul marino y zapatillas blancas viejas.
- Yo también me alegro de verte.
- Pasa anda, me acojonaste bien cuando me llamaste.
Los dos hombres pasaron al salón de un piso cuya decoración minimalista y moderna desentonaba con el vetusto edificio que lo albergaba.
- ¿ Viste la cara del motorista ?
- No, iba con casco.
- ¿ Donde tiraste el movil desde el que me llamaste ? 
- En una papelera cerca del Massimo Dutti que hay frente a la Madeleine.
- Bien hecho hay mucha gente mala aficionada a pinchar teléfonos y localizarlos con GPS -suspiró- Mal asunto amigo.  Debes irte de Paris, aquí no estas seguro Diego, te han encontrado.

Continuará.

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