- No se me ocurrió pensar que llevase chaleco antibalas.
Jean Crussot agachó la cabeza avergonzado después de reconocer su fracaso al disparar desde una moto al misterioso Pierre Borsalino. Roger Lazard, nacido Joseph Lindt estaba igualmente sorprendido de que el francés se esperase el ataque. En un despacho pequeño y sin ventanas decorado con estanterías abarrotadas de viejos libros y una gran mesa de roble en el fondo tras la cual se sentaba Lindt en una butaca de cuero rojo, Crussot rendía cuentas a Lindt y a su mano derecha Helena Goldman. Lindt era alemán y aparentaba sus 77 años, vestía una camisa blanca, una chaqueta tweet marrón clara, pañuelo azul anudado al cuello y pantalones azul marino. Era un hombre alto, extremadamente delgado, con el pelo gris y ondulado claro peinado hacia atrás, gafas negras de pasta y un bigote muy fino, por lo que tenia un porte aristocrático que lo hacía parecer anclado en los años 30 ó 40 del siglo pasado. El viejo estaba confuso y eso era inhabitual en él, un hombre frío, cartesiano y mecánico en su comportamiento ¿ Quién era Pierre Borsalino ? ¿ Por qué tenía tanto interés en la sociedad Justine y en el teórica y oficialmente fallecido líder Joseph Leonard Lindt ? Hizo bien en mandar que le siguieran y colocar a un agente de la organización en Austria junto a su mesa en el restaurante donde quedo con Kovaks. Esa cita sí que le preocupó, ya que la extraordinaria fama de sabueso implacable de Kovaks era letal para sus intereses. Fue una pena tener que matar a Larraz, pero no tuvo otra opción que ordenar su ejecución, sabía demasiado y en la carcel era difícilmente controlable.
- ¿ Haz averiguado algo de ese Borsalino ? - preguntó a la mujer.
- Que no existe. Ese hombre es un impostor .
- Pasea su foto por ahí y a ver si nuestra gente en algún país europeo lo reconoce.
- Sí, hoy mismo estará su foto en circulación- contestó ella.
Helena Oldman era una una mujer hermosa, pero de una belleza glacial e inquietante. Pelirroja, ojos azules como el mar, piel blanca como el mármol, de 47 años muy bien llevados, era la persona de máxima confianza de Lindt. Licenciada en Harvard y experta abogada, desde 2002 era la administradora de las seis empresas que dirigía en la sombra a través de hombres de paja Roger Lazard. Era de una eficacia casi robótica, obedecía, no hacia preguntas y aconsejaba a Lindt en temas jurídicos sobre todo mercantiles.
- Quiero que busquéis a Kovaks, averiguad que sabe.
- ¿ Y ahora qué ? ¿ Donde iras ahora Diego ?
Diego Morales miraba a su interlocutor con el rostro cansado y tenso. Richard Harrison estaba preocupado. Él y Diego se conocieron 4 años atrás cuando el entonces policía de Scotland Yard visitó con varios compañeros la Comisaría de Policía Nacional de Canillas para un intercambio con la policía española. A través de su gran amigo Daniel que fue cicerone de Harrison en Madrid, Diego se acabo haciendo buen amigo del policía escocés. Hacia un año que Richard dejó la policía y entró en la Hermandad Ares, a la que había decidido acudir Diego para descubrir más de la Sociedad Justine más allá de los Pirineos, porque Larraz sólo era un peón importante.
- No lo se, lo primero es salir de Francia, no estaré seguro aquí mucho tiempo y no te quiero poner en peligro a ti y a ti organización - contestó Diego.
- En peores nos hemos visto, no solemos enfrentarnos con hermanitas de la caridad precisamente en nuestra organización.
- Quizá aún no saben quien soy..
- Lo que no entiendo es como te pillaron..
- A través de Kovacs, quizá lo tenían vigilado por otro asunto..
- Puede ser..deberías esconderte por un tiempo, te pondré en contacto con un hombre de nuestra organización en Roma, es muy amigo mío.
Un nido de víboras pensó Kovaks. Eso era el apartamento de Kleim, acompañado de sus jóvenes cachorros y de un hombre de unos 60 años de pelo rubio, cara rojiza y barriga cervecera esa noche calurosa de finales de junio. Hasta que el nazi no estuviera solo, Kovacs no atacaría. El ex agente estaba muy preocupado. Desconocía quienes eran los angelitos de la guardia de Kleim y si eran sólo cinco o había un grupo más numeroso. Tampoco sabia si eran solo tipos con aspecto amenazador o eran hombres de acción.
Salud Romero tenía el ojo morado y le temblaba la voz como a una niña asustada. Sin embargo decidió acogerse a su derecho a no declarar contra su marido Juan. Inés ya había visto muchos casos así desgraciadamente, a veces las víctimas no continuaban adelante con su denuncia por pena hacia su agresor, a veces por presiones familiares y otras veces por puro miedo. Aquella mujer sin embargo era la víctima de maltrato más salvaje que había visto y le frustraba enormemente que en un futuro juicio ( ya que ella iba a seguir con su acusación ) absolvieran a su agresor por el atormentado silencio de ella. No podía acostumbrase a esas sangrantes injusticias, eso se lo había inculcado a Fran y ella, Diego, pero poco más podía hacer.
Carlos Luna y Antonio Robles se dirigieron esa mañana al Palacio de la Justicia de París. Ubicado en la Ille de la Cité, el Palacio de la Justicia de París es uno de los edificios más fotografiados de la capital francesa. Para muchos se trata de uno de los lugares más formidables de la ciudad, debido en gran parte a su ubicación al lado de la Conciergerie, edificado en el antiguo palacio del Real de Saint Louis. Allí les esperaba Eric Charles, veterano y respetado miembro de la Fiscalía de París.
- Cuando trabajé en cooperación internacional conocí a un fiscal francés del que con el tiempo me he hecho muy amigo- contó Carlos- ha llevado asuntos de trata de prostitución y pornografía infantil y ahora lleva sobre todos delitos económicos, es un gran tipo, él sabrá quienes son los caballeros viciosos de las fotos del pen.
Max Kovacs cometió el grave error de dejarse vencer por el sueño en su Volvo azul mientras vigilaba la casa de Hans Kleim. El siempre frío tacto del acero lo despertó. Al abrir sobresaltado los ojos vio al rubio de piel enrojecida apuntándole con un revolver negro en la mejilla derecha.
- Sal del coche con cuidado cabrón y tira para el portal que vigilabas, nos vas a contar quien eres y para quien trabajas, lo puedes hacer por las buenas o por las malas y hazme caso amigo no te va a gustar que sea por las malas.

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