Daniel miró al ex policía Luis Bonilla desde su coche, el portal en el que entró y en donde le vio curiosear en los buzones le inquietó porque conocía muy bien aquel bloque en la Calle Lagasca. El ex policía había decidido visitar el edificio donde vivían Diego y Lourdes. Seguramente creía que Lourdes le llevaría a Diego y que ella sabría donde se escondía el Fiscal, menudo hijo de puta pensó.
Fran e Ines comían tras en una conocida pizzeria frente al Palacio de Justicia de Almeria. A él le encantaba ir allí de vez en cuando y ella se reía siempre que iban porque un camarero que vio a Fran con el hijo de un amigo confundió a éste con el padre del bebe y cada vez que iban le pregunta qué tal el niño.
- No se me quita de la cabeza la mujer del otro día..
- ¿ La que retiró la denuncia ?
- Sí, le acusé a él pero en juicio lo absolvieron porque ella no quiso declarar contra él, ni siquiera ella fue quien denunció, fue una vecina que oyó como él le gritaba, pero el testimonio de ella no sirvió lógicamente de nada ...
- Claro, era un testigo de referencia, con esa única prueba ningún tribunal condena ya sabes..
- Además el tío era un chulo y un impresentable- dijo asqueada Inés-
- Es lo frustrante de la violencia de género, saber que él le pegó y que el miedo de la propia víctima sea el que lo protegía y lo deje impune.
- Pues sí, una lástima.. ¿ Y tu caso de los asesinatos sigue parado ?
- Si - suspiró- la guardia civil está perdida, no hay pistas...
Max Kovaks miró a Hans Kleim de modo inexpresivo y frío. El viejo vestía un chandal gris oscuro y le observaba con una mirada vacía e inhumana.
- ¿ Quién eres tú ?- le preguntó secamente el alemán con tono autoritario.
- Soy periodista.
- ¿ Qué quiere de mí un periodista ? Yo no soy importante..- balbuceó Kleim.
- Hay pocos nazis vivos con tu currículum.
Kleim meditó con cuidado su respuesta mientras observaba escrutadoramente al presunto periodista.
- ¿ Qué sabes tú de mí ?
- Todo.
- ¿ Y por qué no lo publicas ?- le reto Kleim.
- Quería mirarte a los ojos y ver si eres real...
- ¿ Qué esperas encontrar en ellos ?
- El mal supongo, el mal más absoluto y terrible..
Kleim esbozó una sardónica mueca y se rió.
- Este tío tiene un par de cojones- dijo el rubio.
- Qué sabrás tú de la guerra y del odio que provoca ...
- Ah claro la guerra lo justifica todo y la obediencia debida a los mandos también ¿ no ? Ese rollo ya lo usasteis en Nuremberg y la soga no os hizo demasiado caso...
- Teníamos una misión sagrada, si la hubiéramos cumplido el mundo se ha librado del horror del comunismo, de la Guerra Fría y de todas las guerras que han provocado los judios..
- ¿ Una misión ? Vuestra guerra fue una guerra económica y de conquista como todas, querías el petróleo ruso, los cereales ucranianos, mas territorio para reproduciros y vengaros de los franceses ..
- El mundo estaría mejor si hubiésemos ganado la guerra y hubiésemos exterminado a los judios que no han traído nada mas que desgracias al mundo, yo creía en Adolf Hitler sí, nos devolvió nuestro orgullo como nación, nos trajo prosperidad y una causa por la que luchar y yo lo seguí a ciegas hasta el final, me alisté en las SS por eso, hubiera seguido a aquel gran hombre hasta el fin del mundo, estoy muy orgulloso de lo que hice y lo volvería a hacer, fue una lastima no poder terminar nuestra sagrada tarea- dijo febrilmente Kleim
- Eres un enfermo - dijo Kovacs con asco- tu asqueroso fuhrer poco le importó su adorado pueblo alemán cuando permitió con la guerra perdida que arrasaran el país y murieran aun en los últimos días de la guerra cientos de miles..
- Luchamos heroicamente hasta el final- sonrío Kleim.
- Y en Mathausen asesinasteis inocentes hasta el ultimo momento, casi toda mi familia y los amigos de mis padres fueron asesinados cuando ya os retirabais como ratas...
Kleim guardó silencio y le miro con detenimiento.
- Así que todo ésto es una venganza judía, has venido por eso, no me creí desde el principio esa historia del periodista, si tu familia fue exterminada se lo merecían como el resto que liquidamos allí ..
Max Kovacs había llegado al limite de su resistencia, toda la basura moral que había escuchado había sido demasiado para él, pero debía de mantener la sangre fría, estaba solo frente a 5 fanáticos dispuestos a quitarle de medio sin muchas excusas.
- ¿ No tienes nada que decir judio ? - le retó Kleim.
La Fiscal General del Estado leyó con tristeza un informe de Policía Nacional sobre las pesquisas para localizar a Diego Morales. Ninguna novedad, se había evaporado del todo. Aunque lo lógico era pensar que todo se debía a un ajuste de cuentas de alguien con motivos para odiar a Diego, la jefa de la Fiscalía no pensaba eso, conocía a Morales y aunque aquella teoría no la había compartido con nadie pensaba por sus antecedentes que de nuevo investigaba algo por su cuenta y en secreto y su desaparición había sido una tapadera para pasar desapercibido. Metió el informe en un cajón y sonrió.
- ¿ En que andarás metido ahora Diego ?
Roma. Diego Morales tenía una cita con el contacto de Richard Harrison en aquella ciudad. Habían quedado a través de Harrison en un lugar maravilloso al que él le tenía mucho cariño desde que estuvo allí con Lourdes, Caffè Greco, un legendario local abierto en 1760 en el número 86 de la Vía Condotti y que era el segundo café más antiguo de Italia, sólo superado por el Caffè Florian, de Venecia de 1720 y por donde habían acudido personajes como Lord Byron, Stendhal, Goethe, Wagner, Lizst u Orson Welles. En aquel templo que rezumaba historia con un aire a tiempos pasados y que parecía un museo, esperaba a Enrico Lema ex oficial de los Carabineri y miembro de la Red Ares en Italia, él le daría refugio en la ciudad durante unos días.
Helena Goldman recibió un correo a su móvil de uno de los miembros de la Sociedad Justine. La foto que captaba a Borsalino en el restaurante vienes donde comió con Kovaks había sido enviada por una intranet cerrada a través de la que se comunicaban treinta correos electrónicos de miembros de la organización en 16 países europeos. Desde España recibió la única respuesta positiva. Goldman no pudo evitar dibujar una sonrisa de satisfacción al leer aquel nombre conocido.

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