- Buenas tardes señor Fiscal.
- Vaya se toma usted extrañas molestias para invitarme a su casa a tomar un té Larraz, hubiese bastado un whatsapp - dijo Diego con ironía.
- No sabía que la ironía fuese un rasgo de su versátil personalidad.
- Tengo otros encantos ocultos, si me desata se los enseño.
- Estupendo, hasta en los momentos más trágicos de su vida bromea, lamento que a Héctor no le haga gracia su sentido del humor.
Diego movió con dificultad la cabeza hacia la izquierda, vio los brazos tatuados de un tipo que debía parecer un rascacielos a tenor de la envergadura de sus brazos de matón, levantó con dificultad su cabeza y vio el rostro pétreo de un tipo de cabeza cuadrada sin cuello rapado al estilo militar y con perilla siniestra.
- ¿ Se ha tomado tantas molestias en traerme aquí para matarme ?
- Sí, me temo que sabe cosas muy inconvenientes de mí y de colegas míos que no querrían que salieran a la luz sus oscuras aficiones .. y no parece usted un tipo sobornable, la única opción es matarle lamentablemente.
Larraz soltó aquella retahíla con una frialdad y aspereza que sorprendió a Diego, parecía que leía las cotizaciones de la bolsa con un brooker neoyorquino en lugar de hablar de la vida de un ser humano.
- ¿ Y por que no lo hizo en San Sebastián ?
- Demasiado deportista haciendo footing por el paseo marítimo.. aquí tendremos más intimidad y todos lo buscarán en San Sebastián, allí está su coche y su móvil con GPS..
- Ya, pero mancharía su bonita alfombra marrón..
- No sangrará, no se preocupe..
- No soy el único que conoce su historia, hay más gente, incluida la Fiscal General.
Larraz frunció el ceño y su expresión se tornó oscura y dura como el mármol.
- Desde luego es un problema, pero con usted y su amigo policía muertos el caso de desinflará, todo se basa en indicios hilvanados por ustedes y nada más, no hay documentos de ningún tipo que lo sustente, sin su testimonio no hay nada..
- Nos faltaría su disco extraible , ese que guarda aquí en su despacho y con el que se siente tan seguro..
- Sería una gran ayuda, pero no saldrá de este despacho.
- ¿ No me va a contar nada de ese misterioso club ? ¿ No espera que me cuente nada de lo que sabemos de usted y sus amigos ?
- No señor Morales, ya que es un buen aficionado al cine, como diría Goldfinger , yo sólo espero que muera ..
- ¿ Por qué no me habla de su club ?
- ¿ Y a estas alturas que más le da ? ¿ quiere entretenerme y ganar tiempo mientras llega la caballería ? Esto no es una película, es la vida real..- Larraz hizo una pausa y miró con curiosidad a Diego - ¿ que quiere saber ?
- ¿ Por que abusar y asesinar a esas chicas ? ¿ por qué esa crueldad ?
- Vamos no sea tan moralista y remilgado, usted un hombre de mundo. A eso los militares y políticos actuales les llaman víctimas colaterales como las de Irak, Afganistán...nadie juzgó a churchill por el bombardeo de Dresde que masacró a más de cien mil civiles alemanes cuando la guerra estaba ganada, ni nadie juzgara a Bush hijo por Abu Graib..
- Esos son seguramente crímenes de guerra en el marco de una guerra justa ¿ que tiene que ver con esas chicas asesinadas por su maldito club?
- El club es un círculo de intercambio de información y contactos para hacer negocios, no puede ni imaginar las grandes operaciones que algunos de los mayores empresarios de este país han hecho gracias al club, aunque no todas esas personas sean hermanos del club..
- ¿ Hermanos ? ¡ No me joda !
- El club ha hecho más por la economía de este país que muchos consejos de ministros, usted lógicamente no puede entenderlo..
- Ya y los hermanos no se han enriquecido gracias a su club patriótico..
- Claro que si, de eso se trata de hacer negocios y esos negocios hacen que esta mierda de país funcione, si hay hermanos que quieren chicas y hacer con ellas los que les de la gana, yo no los juzgo, cumplo con mi papel de proporcionárselas y punto..
- Ya, Maquiavelo estaría orgulloso de ustedes y su defensa de que el fin justifica los medios...es usted un puto enfermo..- dijo Diego con una mueca de gran desprecio.
- Estamos en una sociedad enferma, usted debería de saberlo especialmente por su trabajo- hizo una tensa pausa- no tendrá que soportarme por mucho tiempo..
- Lo imagino ¿ no me va a conceder un último deseo como los condenados a muerte ?
- Depende, mi generosidad tiene sus límites- sonrió de un modo inquietante marca de la casa - ¿ qué quiere ?
- Enséñeme el disco extraible.
- Ah sí es sólo es eso..
Larraz se levantó y tras quitar la pantalla a un pequeña televisión que había en un rincón , sacó de allí un disco extraible azul oscuro guardado en una funda de terciopelo escarlata.
Un fuerte ruido similar a un petardo , hizo que el rostro irónico de Larraz adquiriese una expresión absurda y bobalicona mientras miraba la entrada de la habitación. Por su parte el gigantón que estaba a la espalda de Diego cayó boca abajo contra el suelo con un pequeño trozo de cabeza arrancado, cuando se desplomó delante suya, Diego pudo ver un sangriento bocado sobre la oreja izquierda y al girarse rápido hacia atrás, comprendió como el esbirro de Larraz perdió un trozo de su cerebro. Carlos Luna apuntaba a Larraz con su revólver favorito colt 1911 modelo 1970 que le había mostrado en su reciente visita.
- ¿ Como coño has entrado ? - dijo aún aturdido Larraz.
- El tipo de la garita ya me conoce de la otra vez que vine y como ordenaste que no te molestasen hasta nueva orden, dije que esperaría en la planta baja - sonrió Carlos.
Larraz miro las pantallas a su espalda y vio correr varios guardias de seguridad hacia la entrada de la casa.
- Ya vienen, haz hecho una tontería inútil.
Sin dejar de apuntarle Luna desató a Diego.
- Diego arranca con tu silla la puerta- Diego obedeció- ahora dame el disco.
- Tendrás que matarme.
- Vale.
Carlos volvió a disparar, el arma apuntó bajo la cintura de Larraz y el disparo le alcanzó entre las piernas. El grito de dolor fue desgarrador.
- Hijo de putaaaa - chilló Larraz.
- Quien fue hablar...quítale el disco y abre el primer cajón del escritorio.
De un tirón, cogió el disco que había dejado caer al suelo y al abrir el cajón cogió una pistola del interior.
- Dispara hacia mi, yo me apartaré , debe parecer que intentó matarme y me defendí de su matón ..
Diego hizo dos disparos en dirección a Carlos, que esquivó con agilidad éste, alcanzando los disparos a la puerta.
Se oyeron entonces ruidos de sirenas aproximándose a la casa con gran velocidad.
- Llamé hace 10 minutos a la policía diciendo que había oído disparos en la casa de Antonio Larraz - miró a Larraz que estaba lloriqueando por el dolor- tus gorilas llegan tarde.
- No creía que el plan de Ballcells fuese a salir bien..- dijo Diego.
- Ballcells , maldito picapleitos de mierda ...cabrón..- los humillados lloriqueos se hicieron más intensos..
- Debería haberte saltado la tapa de los sesos cerdo..aunque sólo fuese por ni hermano..
- Él era el confidente de la policía ¿ verdad? - preguntó Diego .
- Sí, en su día no lo supe, me creí esa bobada del accidente...pero ellos lo asesinaron..imagino que quiso salirse cuando ya no pudo más, cuando averiguo las sórdidas actividades de esta gentuza y ellos lo descubrieron.
- ¿ Desde cuándo ayudabas a Larraz Carlos ?
A través de las pantallas de televisión se vio entrar dentro de la casa a varios policías, que subieron rápido las escaleras.
- Desde hace cinco años, mi hermano empezó a drogarse y a apropiarse de dinero de la empresa familiar para pagar sus vicios , Larraz, ya dedicado a descubrir las miserias de la gente con dinero y a cobrar por guardarlas en un cajón con fianza, lo descubrió y lo chantajeó, yo decidí ayudarle para evitar un escándalo que habría matado a mi padre ya muy enfermo. Tapé asuntos de estafas, apropiaciones indebidas, falsedades y en general delitos económicos que cayeron en mis manos durante mis 4 años de fiscal anticorrupción que afectaron a Larraz o sus socios, la última vez fue hace casi tres años. Cuando hace unos días me llamo para espiarte y supe por ti de que se trataba en lo que este cerdo estaba metido, no pude más encubrirle. Ballcells me llamó hace tres días y me sugirió su plan y el resto ya lo sabes...
La policía tiró en ese instante la puerta abajo y entraron en tromba tres agentes de uniforme en el frío despacho del lloroso Antonio Larraz.
Santiago Ballcells se subió a la silla con mucho ciudado, respiró hondo y miró las vistas de su apartamento situado muy próximo el parque del Retiro. Miró entonces el pulmón de Madrid por última vez. Ajustó a continuación con fuerza la cuerda blanca en su cuello quedando bien sujeta bajo su cabeza y saltó de la silla hacia el vacio.
La semana que viene el epílogo de la historia....

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